Begijnhof
Se trata de un beaterío que data nada menos que del siglo XIII, cuando la condesa de Flandes ordenó la construcción de las casas para albergar a las beguinas, como se denominaba a las viudas y huérfanas de los cruzados, que se concentraban en estas comunidades o beguinajes dedicadas a cuidar de los desamparados, al bordado de encajes -tan típico de los Países Bajos- y a la oración, pero sin pertenecer a ninguna orden religiosa y sin ningún tipo de custodia masculina (lo que daría lugar a sucesivos conflictos con la Iglesia en los siglos siguientes).
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